sábado, 31 de octubre de 2020

 

 Demuestran la conexión intestino-cerebro en el origen del párkinson

 

 

 

Conoce Tu Panel de Control

 

Cada vez que algo se censura, pongo mi atención allí, ya que seguramente es información relevante para nuestra supervivencia y libertad.

La sabiduría acerca de cómo funcionan nuestras emociones, ha sido sutilmente censurada, ridiculizada, ocultada y por supuesto, nuestra atención es permanentemente alejada de las emociones ¿por qué?

Porque las emociones son nuestro panel de control.

Si estudiamos la evolución de los seres vivos, encontramos que el individuo tiene una interface con el medioambiente (el aparato perceptual). Cada una de nuestras células está dotada de un aparato perceptual (la membrana) que “siente” lo que ocurre en el exterior y también en el interior de la célula.

El “sentir” condiciona el “existir” de un ser vivo. Un ser no vive si no puede sentir.

¿Y es que no les parece ahora normal que quienes nos controlan quieran que no conozcamos nuestro aparato perceptual?

Antonio Damasio, gran neurólogo, investigador y Premio Príncipe de Asturias, escribía  “Siento, luego existo”.

Cuando recibimos un estímulo externo, por ejemplo un sonido, nuestro oído transmite las frecuencias vibratorias de dicho sonido al cerebro. Nuestro cerebro, con impulsos eléctricos consultala base de datos de nuestra experiencia anterior” y decodifica las frecuencias en información emocional. También consulta a cavidad de resonancia de la inteligencia colectiva (la Noosfera) en busca de respuestas de la conciencia de especie.

Nuestro cerebro se hace las siguientes preguntas ¿he escuchado alguna vez este sonido? ¿es este sonido peligroso para mí o para mi manada?, ¿me gusta este sonido?, etc.

Entonces la respuesta de la “base de datos” condiciona “la sensación” disparando una “emoción” y la emoción determina la conducta del individuo frente a dicho estímulo.

Si la respuesta es “es un sonido agradable, no es peligroso para nadie y me gusta”, sentiremos una “emoción agradable” que condicionará a su vez la producción de substancias neurotransmisoras, hormonas, aminoácidos y proteínas de buena calidad que ese sonido desencadenará en nuestro cuerpo. Lo que se fabrique, será el cuerpo nuestro de ese preciso momento y también nuestro estado de conciencia.

Por favor, noten que es la base de datos la que condiciona la respuesta y no el estímulo en sí. Saber esto es muy importante porque cada individuo responde a la realidad según esté programado su cerebro. Las respuestas son individuales y únicas.

La emoción le dice al cuerpo y a la mente cómo reaccionar ante ese estímulo. Por lo que las emociones son el panel de control de la conducta del ser vivo.

Nos lleva a actuar de maneras distintas, según nuestros condicionamientos.

-Alejarse o acercarse al estímulo.

-Fabricar una u otra proteína dentro de mi cuerpo de buena mala calidad.

-Registrar y archivar que es un estímulo positivo o negativo para mi supervivencia y la de mi especie, etc.

Si nos ponemos a reflexionar, las emociones son la mejor guía de supervivencia que tenemos.

Nos dicen qué dirección tomar, si lo que hay es bueno o malo para nosotros y para nuestra especie, y qué decidir en cada momento. Y lo que es más asombroso: nos dicen “cómo SER”.

Es lamentable que el 90% del tiempo no estemos atentos a lo que sentimos. Hay demasiados estímulos ahí afuera que intentan hacerse con el control de nuestra ATENCION.

Por lo que no sabemos reconocer las emociones (permanentemente activas), y al no prestarles atención, cometemos errores.

Si tú aprendes a reconocer cada una de tus emociones, sabrás qué hacer en cada momento CON UNA CERTEZA ABSOLUTA.

Un ejemplo:

Me encuentro con una persona por la calle y nos ponemos a hablar.

Comienzo a sentirme incómoda (emoción)

Entonces, intento despedirme de esa persona y me voy.

 Me he sentido incómoda porque mi Ser sabe que esa persona no está vibrando en frecuencias armónicas con las mías. Hay señales en el “estímulo externo” que le dicen a mi experiencia acumulada y a mi conciencia de especie que eso no es bueno, y por eso me siento mal.

Pero si estoy distraída de lo que siento, me quedaré charlando media hora en la calle con esa persona, incorporando a mi cuerpo todo el mal que no he sabido escuchar de la alerta de mi aparato perceptual y emocional. Mi cuerpo fabricará proteínas de mala calidad y hasta segregará toxinas, sí: en una simple conversación callejera pasa esto.

Es más, muchos de nosotros ya ni siquiera distinguimos las señales…hemos perdido a nuestro panel de control. De hecho, el cerebro no sabe distinguir entre estímulos reales o imaginarios, activa las respuestas de igual manera. Lo mismo nos influye ver un limón que imaginar un limón.

Esto es muy importante porque así los medios pueden estimular nuestra conducta proyectándonos una realidad que no existe, y de hecho lo hacen todo el tiempo. El cerebro no distinguirá y la conducta se disparará de todos modos.

Bien, ¿cómo hacemos para recuperar nuestro panel de control y entrenarnos en su funcionamiento?

Porque yo quiero ser la dueña de mi vida. ¿Y tú?

Entonces, tengo que poner la ATENCION en lo que siento, y ¡¡¡ esto lo tengo que hacer durante todas las horas en las que estoy despierta!!!!!

Pero además, tengo que habituarme a CONFIAR en lo que siento y dejarme GUIAR por mis emociones.

Ahora que soy el capitán de este barco, si me encuentro con una persona y me siento mal, pues lo que debo hacer es salir de allí lo antes posible. De modo contrario, si me acerco a una persona y me siento bien en su compañía, debo quedarme a su lado y compartir experiencia.

Durante miles de años nuestro panel de control fue de otros. Llegó el momento de tomar el sartén por el mango, no hay más excusas, debes aprender a escuchar a tus emociones si quieres ser una persona libre y sana.

Durante miles de años nos han engañado y nos han hecho creer que las propias emociones no son válidas, que hay que reprimirlas a tal punto de no escucharlas nunca más, y que hay que poner la ATENCION en otras cosas.

Las emociones son el timón de la vida, el maestro más sabio que hay en nosotros y no debemos desconfiar de ellas, por el contrario, seguirlas a rajatabla.

El ser vivo existe gracias a sus emociones. Si no se siente, no se está vivo.

Y las emociones, son el panel de control de la conducta, pues son las que generan la respuesta a seguir ante las situaciones que nos presenta la realidad cotidiana.

LA CLAVE ES PREGUNTARNOS ¿CÓMO ME ESTOY SINTIENDO AHORA?

Un auto-escanner encendido las 24 horas es la clave de la supervivencia y la correcta adaptación al medio.

Cuando dormimos, esta función emocional sigue trabajando para estimular conductas de respuesta a nuestro cuerpo ante necesidades. Por ejemplo, si el cuerpo está deshidratado y necesita agua mientras estamos durmiendo, la glándula pineal segregará más dimetiltriptamina y proyectará frecuencias que nuestro cerebro decodificará como ríos, mares o frescos vasos de agua. Soñaremos con líquido.

La pineal, una vez que sepa que nuestra conciencia ha soñado con el líquido, cortará radicalmente la secreción y otra glándula nos proveerá de los neurotransmisores necesarios para poner en funcionamiento el estado de vigilia, para despertarnos.

La emoción que sigue es la “sensación” de sed, lo que llevará a la conducta de levantarse de la cama para ir a beber agua. Así nuestro cuerpo se asegurará de que tengamos el líquido suficiente.

Ahora, lo que les propongo es hacer las emociones conscientes durante la vigilia para tomar el control de nuestros cuerpos y nuestras mentes y no cedérselo inconscientemente a terceros…

¿Cómo me siento ahora mismo?

Si la sensación es buena, es porque lo que estás haciendo o la persona que tienes delante es buena para tu existencia.

Si la sensación es negativa, debes cambiar lo que estás haciendo de inmediato hasta que vuelvas a sentirte bien.

Una vez que hayas practicado lo suficiente, el panel de control te va mostrando más funciones. Porque las tiene, y son impresionantes.

Las emociones son la mejor guía para la toma de decisiones, te sirven también para orientarte en el espacio vital, por ejemplo cambiar muebles de lugar o ir a caminar por el sitio correcto y no por el sitio que representa un peligro. A qué personas acercarte y de cuáles alejarte.

Y lo que es mejor, es que una de las funciones más alucinantes que tiene este panel de control, es la capacidad para intuir todo tipo de situaciones antes de que éstas se produzcan (gracias a la conexión a la Noosfera), pero para llegar a activar la intuición, es necesario primero pasar por la fase de trabajo (aprender a manejar el panel de control)

1) Preguntarte qué estás sintiendo en cada momento.

2) Detectar su “sabor”, es decir decodificar qué tipo de emoción estás sintiendo. (Aunque te parezca extraño, esto es lo que más le cuesta hacer a la gente porque nos han programado para que no podamos discernir el tipo de emoción que sentimos)

3) Confiar en ella.

4) Dejarse guiar desde esa emoción

Y un último tip:

Hay emociones que son básicas para la supervivencia:

El miedo y el amor. Por lo que si llegas a detectar cualquiera de ellas en tu Ser, debes inmediatamente tomar conciencia de qué estás haciendo en ese momento. Jamás debes ignorar estas dos emociones, porque de hacerlo, tu vida correrá serio peligro.

¿Empezamos a practicar ahora mismo?

¿Cómo te sientes en este mismo momento?

¿Qué es lo que está disparando esa sensación?

 

Por Bianca Atwell

 

 

 

jueves, 29 de octubre de 2020

El nervio vago se relaciona con sentimientos de paz interior 

 

Hoy vamos a hablar del nervio Vago, uno de los nervios más largos del cuerpo, y que es uno de los doce pares de nervios que emergen del cerebro; y se extiende desde la base del cerebro hasta las cavidades del tórax y abdomen donde conecta con el corazón, estómago, intestinos, riñones e hígado. 

A este nervio también se le conoce como “el nervio de la compasión” ya que es el responsable de las sensaciones “calurosas” que sentimos cuando abrazamos a alguien o cuando algo nos conmueve o provoca ternura. Esto se debe a que el nervio vago produce una sustancia asociada al estado de tranquilidad. 

Su enorme importancia radica en su acción en la salud física y mental; y porque con él podemos obtener el control del estrés a través de su estimulación. De ahí el valor de conocer a este maravilloso nervio que es el encargado de controlar la relajación, recuperación y regeneración de nuestro organismo. Todo eso lo consigue porque es capaz de ralentizar la frecuencia cardiaca, disminuir la tensión arterial, facilitar la digestión e inducir el sueño. También su estimulación libera tres hormonas básicas para la gestión del estrés (prolactina, vasopresina y oxitocina) e interviene en la estimulación del sistema inmunitario. Su activación hace que nos sintamos conscientes y alerta, pero al mismo tiempo relajados y libres de estrés. 

 En la sociedad actual todos vamos más o menos «acelerados» y cada vez nos resulta más difícil «frenarnos» de forma natural. Para lograrlo, con demasiada frecuencia se recurre a «soluciones externas», entre las cuales la más peligrosa es el abuso de los tranquilizantes, con sus graves consecuencias a medio y largo plazo. La buena noticia, es que existen técnicas capaces de calmarnos sin tener que recurrir a las pastillas o a cualquier otra «solución» externa. Podremos lograr la estimulación natural del nervio vago a través de una serie de maniobras que sirven para regular el latido cardiaco, como son: aguantar la respiración (igual que para detener el hipo); o contraer los músculos del abdomen como si se fuera a recibir un puñetazo en el estómago. Y aunque nos ayudan a regular el tono del vago; una de las formas más efectivas de encontrar un punto de paz interior a través de la estimulación del nervio es mediante técnicas de respiración, y con la meditación. 

Aunque no lo parezca, necesitamos aprender a respirar correctamente. Y me imagino que muchos pueden pensar que respiran correctamente. Pero si no se hace con el diafragma, lo estamos haciendo superficialmente y por tanto, nos estamos privando de los beneficios de una buena respiración. Estamos programados culturalmente para respirar superficialmente, evitando que la barriga sobresalga, de manera que la mayoría de personas respiran de manera inversa: al inhalar hinchan el pecho sin utilizar el diafragma, y al exhalar relajan el abdomen 

El diafragma es el músculo que separa la cavidad torácica de la abdominal, es plano y tiene forma de cúpula. El hecho es de que cada vez que inhalamos y entrar aire se aplana y contrae, empujando a las vísceras abdominales hacia abajo, y provoca que la barriga sobresalga; mientras que al exhalar, vuelve a la posición de partida, y la barriga se aplana. Con la respiración diafragmática obtenemos efectos positivos en la exhalación, ya que el ritmo cardiaco desciende activando al nervio vago. De manera que al respirar lenta y profundamente, con mayor duración de la exhalación, generamos mayor actividad del vago, y con eso aumentamos los efectos relajantes y regenerativos en nuestro organismo. 

Existen otras maneras de estimulación para que se produzcan las sensaciones de bienestar, por ejemplo, escuchando piezas musicales que nos gusten y nos hagan estremecer; ese estremecimiento es resultado de la activación del nervio vago. De igual manera, las “corazonadas” o intuiciones casi instintivas son producto de una estimulación emocional de ese tipo. 

Estimulando conscientemente el nervio vago pueden producirse efectos de tranquilidad y paz interior que contrarrestan las molestias y “ardores” del estrés o la ansiedad. Si acompañamos los ejercicios de respiración con meditación y pensamientos positivos podemos encontrar calma y armonía, sobre todo cuando hemos estado sometidos a largos e intensos periodos de estrés y ansiedad. 

Si incluimos esto a la rutina cotidiana no sólo estaremos contrarrestando la negatividad del estrés, sino que también ayudaremos al cuerpo a regenerarse más rápidamente, y encontrar puntos de equilibrio que llegan hasta un nivel celular.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

 Cambio de actitud | Los Tiempos

¿CÓMO PUEDE EL CAMBIO DE ACTITUD PERSONAL MEJORAR NUESTRA VIDA?

El cambio de actitud personal, por sí solo, no puede cambiar mayormente nuestras vidas, ni menos mejorarlas.

El cambio significa más esfuerzo, significa salirse de la zona cómoda y vencer la inercia que se impone con los modos arraigados de pensar y de hacer.

Para poder cambiar de actitud frente a la vida es necesario primero conocer cuál es nuestra actual actitud. En otras palabras, el primer paso es conocernos a nosotros mismos y a las creencias que subyacen a nuestras acciones y de los cuales se desprende nuestra visión del mundo y nuestra actitud frente a la vida.

¿Qué es lo que modifica entonces nuestra visión del mundo?

Lo que modifica nuestra visión del mundo, son nuestras acciones y no viceversa. Nuestra mente, se adapta a nuestras acciones, opta por diferentes actitudes según nuestras acciones. Y ¿cómo y por qué cambiamos nuestras acciones?

Nuestras acciones son el resultado de las reacciones que damos a nuestro entorno. Estas reacciones se constituyen en base a ciertas predisposiciones individuales y, sobre todo, al comportamiento formado por las reacciones previas al entorno a lo largo de la vida de la persona..

El cambio se da por la acción. Pero hacer algo completamente distinto a lo que estamos acostumbrados a hacer, es como dar un salto al vacío. Por esta razón los cambios de accionar no se suelen dar porque a la persona se le ocurrió un día cambiar sus condiciones concretas de vida, sino porque las condiciones concretas de su vida cambiaron sin que ella tuviese control sobre ese cambio.

Si lo que nos cambian son nuestras acciones, tenemos que cambiar nuestras acciones.

Podemos formar parte activa de este cambio, por una parte tratando de forzar un cambio en nuestra realidad y por otra haciéndonos consientes de nuestras creencias y leyes de vida para cuestionarlos y probar, en la práctica, formas alternativas de reacción frente a una realidad que simultáneamente tratamos de ir modificando.

De esta manera los cambios no se vuelven adaptaciones a una realidad estática y que no necesariamente es deseable, sino que son reacciones a una realidad que nos tiene como sujetos transformadores de ella; lo cual necesariamente implica un constante proceso de aprendizaje de nosotros mismos y por lo tanto un enriquecimiento de nosotros como individuos, y con ello, con mayores posibilidades de influir en un cambio social de la realidad.

Los que no desean el cambio por estar conformes con su situación están influidos por un gran temor. Esa emoción se convierte en  un fuerte impulso que buscara conservar la realidad en la que estamos inmersos·

Aquellos que no imaginan en qué los beneficiará el cambio, solo lo aprueban intelectualmente, y pueden ser personas pesimistas y temerosas que se bloquean ante la posibilidad de lo desconocido.

Los que reaccionan ante el cambio con la incertidumbre que ocasiona buscaran trabajar con maneras conocidas pero no funcionales de solucionar los problemas; y buscan aferrarse con fuerza a lo conocido y a patrones de aprendizaje limitados que funcionaron bien en el pasado.

La investigación actual sobre el éxito incide y apunta a una serie de cómodos pasos que, si se toman seriamente en cuenta con todo y un cambio de actitud, nos podrán llevar de la mano al deseado éxito.

Aquí están los susodichos pasos:

1. El comportamiento significativo: Quiere decir que hagas un cambio importante de pautas de conducta y te acostumbres a pensar y a actuar como es necesario y no como se te dé la gana (por ejemplo, si tu impuntualidad ha contribuido a que no te tomen en cuenta para los ascensos, debes concienciar el ser puntual).

2. Introspección y reaprendizaje: Reconoce tu manera de "enfocar" tu forma de pensar, las cosas que te da miedo cambiar, los comportamientos que te llevan a fracasar una y otra vez para que así conscientemente evites repetir los patrones mentales (por ejemplo, pensarte y visualizarte como victima o sin suerte).

3. La congruencia: Consiste en poner en armonía y equilibrio tus pensamientos, tus sentimientos, lo que dices y lo que haces o dejas de hacer (por ejemplo, quejarte de la

corrupción, pero dar mordida en lugar de pagar la infracción si te pasas un alto es incongruente).

4. El juego de roles: En tus relaciones con los demás no siempre te comportas igual, sino que asumes diferentes roles. Se habla de tres posturas que asumimos: como niño (alguien tiene que enseñarte qué hacer), como padre (quien critica, corrige y cuida) o como adulto (independiente y responsable).

5. Comunicación efectiva y afectiva: Lo que comunicas a los demás de manera verbal o no puede ser negativo (hacerles daño) o positivo; la diferencia esta en la intención. Por ejemplo,

no es lo mismo decirle a alguien que su idea es una estupidez que explicarle cómo puede mejorarla.

6. Las experiencias de vida: Algunos afirman que la "infancia es destino", es decir, que las experiencias de nuestros primeros años nos pueden marcar por el resto de nuestras vidas. El problema es que hay quienes lo agarran de pretexto ("me emborracho hasta entre semana porque de chico veía a mi padre pegado a la botella").

7. Reforzando la autoestima: Creer en tus valores y principios, en tus capacidades (mejores para determinadas cosas, no desarrolladas para todas), en las decisiones que has tomado, además de saberte tan competente como cualquiera y ser congruente, son los refuerzos ideales para tu autoestima.

Siempre sera un reto asumir el cambio en la vida; y nos toca apelar a nuestra fortaleza y valentía para lograrlo.


sábado, 10 de marzo de 2018

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  Tu Yo Sagrado 
    Wayne Dyer

La libertad es la capacidad para abandonar la única habitación de la conciencia en la que uno nació. 
En esa habitación se aprende cuáles son los límites de la vida. Fuera de esa habitación se aprende que la vida cuenta con posibilidades ilimitadas. 
El precio de la libertad es muy alto. La libertad solo puede alcanzarse cuando se sueña sin esperanza, cuando se está dispuesto a perderlo todo, incluso los sueños.
Para algunos de nosotros el soñar sin esperanza, el luchar sin ninguna meta en la mente es la única manera de mantenernos a la altura de la libertad. La libertad, si se la define como ausencia de cadenas, existe para muchos. Pero si la libertad significa librarse de aquello que nos constriñe la conciencia diaria, si la libertad significa tener visiones ilimitadas y vivir en una dimensión espiritual radicalmente nueva, entonces la libertad existe para muy pocos.
Cuando no se tiene nada que perder, se es libre por completo, y cuando no preocupa la propia importancia se tiene libertad total. Se tiene un propósito, se vive en júbilo, y uno espera que el mundo sea un lugar divino donde amar a los otros. En realidad está creando de nuevo su mundo con su recién hallada libertad.
Verse a sí mismo como un ser espiritual sin etiquetas es una manera de transformar el mundo y alcanzar un lugar sagrado. Comencemos por tomar la decisión de ser libres despojándonos del pasado. Cuando uno se deshace de su historia sabe que no es ni su nombre, ni su cuerpo, ni su mente, ni su ocupación, ni sus relaciones, ni su identidad étnico-cultural. Así pues, ¿quién somos? Lo que queda es lo invisible, lo intangible.
Cuando uno descubre su yo más sublime, experimenta esa energía interior y permite que le guíe en su vida. El adjetivo más corriente para describir esa fuerza interna es “espiritual”. Cuando hablo de espiritualidad y de ser espiritual describo, una actitud hacia Dios, un viaje interior de iluminación. Hablo de desarrollar las cualidades divinas de amor, perdón, bondad, y éxtasis que tenemos dentro. La espiritualidad no es cuestión de dogmas ni de ideas. Es luz, júbilo y concentración en la experiencia del amor y el éxtasis internos, y transmitir esas cualidades al exterior.
Al viaje destinado a descubrir su yo más sublime lo llamo “búsqueda sagrada”. Verás que la totalidad del universo está contenido en nosotros mismos. Sabrás que todo no son más que emanaciones de nuestra existencia. Te darás cuenta de que somos quien se refleja en todas partes y que es el propio reflejo el que pasa ante nuestros ojos.
Tienes dentro de sí este poder de trascendencia sobre la vida dominada por el ego. Puedes darte la vuelta y mirar hacia el interior, descubrir nuestra naturaleza espiritual. Entonces podrás vivir cada uno de los días con la sensación de éxtasis que se deriva de hallarte en el sendero de la búsqueda sagrada. Hacer explotar la luz implica entender quién es uno y qué está haciendo aquí, en esta cosa llamada cuerpo, en este lugar llamado mundo, en este momento de nuestra vida. Pero nuestra alma interior sabe que eres eterno. En esa faceta del yo careces de forma, no tienes límites. Sin límites no hay nacimiento ni muerte. ¡Nuestro yo espiritual nunca nació, nunca morirá!
El saber esto de una forma que no deje lugar para la duda te capacitará en gran manera para la búsqueda sagrada. Cuando llegues a ese estado sabiendo que quien somos es el yo inmutable, tendrás un propósito en la vida.
Cuando cultivamos la condición de testigos comprensivos, adquirimos la conciencia de que somos algo más que nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones. Más que unos cautivos del conjunto de creencias y comportamientos adquiridos practicados a lo largo de la vida. Adquiriremos una visión más amplia de quién somos, y esta nueva percepción conducirá y a niveles de vida más elevados, nos pondrá en contacto con nuestra alma eterna. Al conocer ese yo espiritual, seremos capaces de elevarnos a alturas que creencias anteriores nos impedían ver.
Cuando cultivamos la condición de espectador comprensivo, nos acercamos a la verdadera experimentación de otra dimensión, no estorbada por las limitaciones del mundo material, en la que se ve el cuerpo y los pensamientos sin identificarse con ellos. Hay una realidad espiritual disponible cuando nos separamos del yo material. La conexión con el plano superior la establecemos solo desde esa posición; la energía divina que hay en nuestro interior nos envuelve en amor y paz mientras observamos los pensamientos, sentimientos y sensaciones del cuerpo.
 Cuando se produce una profunda revelación se ha de adoptar una actitud muy seria respecto de la propia vida. En el instante en que reconocemos que estamos viviendo la verdad tal cual es, tenemos que darnos cuenta de la trascendencia de lo que nos está siendo revelado.
Dentro de nosotros existe la dimensión eterna e inmutable de nuestro yo espiritual. Éste es el yo invisible que le habla al yo físico. Es el pensador de los pensamientos. Cuando uno es realmente capaz de creer en el dominio espiritual del espectador, entonces nada va mal, porque el mal carece de sentido para el observador. Todo tiene su orden. Es como vivir en el paraíso, donde está la eternidad y el alma, al tiempo que uno se encuentra en el cuerpo físico. Pero en este espacio, el cuerpo no es el centro de la existencia.


    

   
  

                   Joe Dispenza – La mente infinita

Hace algo más de veinte años, Joe Dispenza fue arrollado por un todo terreno cuando participaba en un triatlón. El diagnóstico de los cuatro cirujanos que consultó coincidía, tenía que operarse inmediatamente, debían implantarle barras de Harrington (de 20 a 30 centímetros desde la base del cuello hasta la base de la columna), ya que la tomografía demostraba que la médula estaba lesionada y que podría quedarse paralizado en cualquier momento.

Dispenza, que era quiropráctico, sabía muy bien lo que eso significaba: una discapacidad permanente y, muy probablemente, con un dolor constante. Su decisión fue arriesgada: intentaría ayudar a su cuerpo a que se recuperara de manera natural, conocía bien todo lo concerniente a huesos y músculos e ideó un plan de acción que incluía autohipnosis, meditación, una dieta que ayudara a sus huesos a regenerarse y ciertos ejercicios en el agua. Se recuperó totalmente en un tiempo récord y decidió ahondar en el tema.

Durante ocho años, estudió las remisiones espontáneas de enfermedades y le sorprendieron tanto los resultados que decidió volver a la universidad para intentar explicar científicamente lo que había descubierto: el poder de nuestro cerebro como director ejecutivo del cuerpo.

Joe Dispenza estudió Bioquímica en la Universidad Rutgers de New Brunswickle,en Nueva Jersey; obtuvo el doctorado en Quiropráctica en la Life University de Atlanta, donde se licenció magna cum laude y recibió el premio Clinical Proficiency Citation por la extraordinaria calidad de su relación con los pacientes. Miembro de la International Chiropractic Honor Society, ha cursado estudios de posgrado en neurología, neurofisiología, función cerebral, biología celular, genética, memorización, química cerebral, envejecimiento y longevidad.

Desde 1997 ha dado conferencias ante más de diez mil personas en 17 países de los cinco continentes. A finales de mayo hablará en Madrid y Barcelona coincidiendo con la edición española de su libro "Desarrolla tu cerebro".

¿Cómo empezó a interesarse por el cerebro?

He entrevistado a cientos de personas que han sido diagnosticadas con enfermedades –tumores malignos y benignos, enfermedades cardiacas, diabetes, alteraciones respiratorias, hipertensión arterial, colesterol alto, dolores musculoesqueléticos, raras alteraciones genéticas para las que la ciencia médica no tiene solución…–, pero cuyo cuerpo se ha regenerado por sí solo sin la ayuda de una intervención médica convencional, como la cirugía o los fármacos.

¿Milagro?

Observé que una de las causas principales de esas remisiones espontáneas era que habían cambiado su forma de pensar, así que volví a la universidad e hice la carrera de neurociencias para poder explicar qué es lo que ocurría. Cuando afirmo que nuestros pensamientos se convierten literalmente en materia, me baso en la más pura vanguardia científica. Básicamente, esos individuos cambiaron la arquitectura neurológica de su cerebro.

Estimulante curiosidad la suya.

Todas esas personas que tenían una remisión espontánea compartían cuatro cualidades específicas. Lo primero es que todas aceptaron, creyeron y entendieron que había una inteligencia superior dentro de ellos, da igual si la calificaban de divina, espiritual o subconsciente. Lo segundo es que todas aceptaron que fueron sus propios pensamientos y sus propias reacciones las que crearon su enfermedad, y puedo hablar y citar estudios sobre cualquiera de estos temas durante media hora. Hay un floreciente campo científico llamado psiconeuroinmunología que demuestra la conexión existente entre la mente y el cuerpo.

Le creo, pero avancemos en sus conclusiones.

La tercera característica común es que cada persona decidió reinventarse a sí misma para llegar a ser otro, y los estudios actuales en neurociencias muestran que esto es totalmente posible. Por último, tenían en común que durante el período en que intentaban meditar o imaginar en qué querían convertirse, hubo tiempos largos en que perdieron la noción del tiempo y el espacio.

¿Y eso qué significa?

El lóbulo frontal representa un 40% ciento de la totalidad del cerebro, y cuando estamos de verdad concentrados o focalizados, el lóbulo frontal actúa como un control de volumen. Como tiene conexiones con todas las demás partes del cerebro, puedo rebajar el volumen del tiempo y del espacio. En otras palabras, los circuitos que tienen que ver con mover tu cuerpo, sentirlo, percibir lo que hay fuera y percibir el tiempo pasan a un segundo plano, y el pensamiento se convierte en la experiencia en sí, es más real que cualquier otra cosa. De este modo el lóbulo frontal elimina todo lo que no es prioritario para focalizarse en un único pensamiento, y es en ese momento en que el cerebro rehace su cableado.

¿En qué se traduce?

Aquello en lo que pensamos y en lo que concentramos nuestra atención con más frecuencia es lo que nos define a escala neurológica.

Un reciente estudio demuestra que las grandes ideas surgen cuando uno está relajado, pensando en otras cosas.

Entre la intención y el rendirse. Antes se creía que la parte derecha del cerebro es la parte emocional o sentimental, el lado creativo, y la izquierda, la racional o lógica. Pero de hecho, el lado derecho del cerebro es el responsable de procesar la novedad cognitiva, las nuevas ideas que, cuando ya están memorizadas, cuando se convierten en familiares, pasan al lado izquierdo del cerebro. Es lo que conocemos como rutina cognitiva.

¿Cambiar las marchas del coche?

Todas esas cosas que hacemos sin pensar, sí. Ésa es la razón de que cuando un neófito escucha música la oiga con el lado derecho del cerebro, pero un músico profesional lo haga con el izquierdo. Esto significa que tenemos la oportunidad de aprender cosas nuevas y recordarlas, es la manera que tiene la evolución de hacer conocido lo desconocido. Podemos cambiar nuestra mentalidad. Al crear nuevos cableados y fortalecerlos con nuestro pensamiento, dándoles prioridad, los que no utilizamos tienden a desaparecer.

Usted habla de inteligencia espiritual, ¿qué es eso, cómo lo explica desde un punto de vista científico?

No hay nada místico en ello. Se trata de la misma inteligencia que organiza y regula todas las funciones corporales. Esta fuerza hace que nuestro corazón lata ininterrumpidamente unas cien mil veces cada día sin que nosotros pensemos siquiera en ello, y se encarga de las sesenta y siete
funciones del hígado, aunque la mayoría de la gente ni siquiera sabe que ese órgano realiza tantas tareas. Esta inteligencia sabe cómo mantener el orden entre las células, los tejidos, los órganos y los sistemas corporales, porque ha sido ella quien ha creado el cuerpo a partir de dos células individuales.

¿El poder que da origen al cuerpo es el poder que lo mantiene y lo sana?

El cerebro no puede cambiar el cerebro porque es sólo un órgano, y la mente no puede cambiar el cerebro porque es un producto del cerebro. Así que tiene que existir algo que está operando en el cerebro para que cambie la mentalidad.

¿Cómo define ese algo?

Ja, ja, ja, esa es una pregunta muy filosófica, dos botellas de vino y quizá cuatro horas, porque se trata de la búsqueda del ser. Pero por el momento es curiosamente la ciencia la que nos permite explicar que efectivamente tenemos control sobre nuestra mente y nuestro cerebro, es decir, que no somos un efecto de nuestros procesos biológicos sino una causa.
Básicamente, más allá de mis estudios sobre las remisiones espontáneas de enfermedades, lo que intento transmitirle es que nuestros pensamientos provocan reacciones químicas que nos llevan a la adicción de comportamientos y sensaciones y que cuando aprendemos cómo se crean esos malos hábitos, no sólo podemos romperlos, sino también reprogramar y desarrollar nuestro cerebro para que aparezcan en nuestra vida comportamientos nuevos.

¿Y la predestinación genética?

La investigación científica de vanguardia está mostrando que la genética tiene la misma plasticidad que el cerebro. Los genes son como interruptores, y es el estado químico en que vivimos el que hace que algunos estén encendidos y otros apagados. Se ha realizado un estudio muy interesante en Japón con enfermos dependientes de la insulina tipo dos que mostraba cómo los enfermos sometidos a programas de comedia normalizaban su nivel de azúcar en sangre sin necesidad de insulina. Veinticuatro genes activados sólo por el hecho de reírse. Los genes son igual de plásticos que nuestro tejido neuronal.

¿Cada vez que pensamos fabricamos sustancias químicas?

Así es, y estas sustancias a su vez son señales que nos permiten sentir exactamente cómo estábamos pensando. Así que si tienes un pensamiento de infelicidad, al cabo de unos segundos te sientes infeliz. El problema es que en el momento en que empezamos a sentir de la manera en que
pensamos, empezamos a pensar de la manera en que nos sentimos, y eso produce aún más química.

Un círculo vicioso.

Sí, y así se crea lo que llamamos el estado de ser. La repetición de estas señales hace que algunos genes estén activados y otros apagados. Memorizamos este estado como nuestra personalidad, así que la persona dice: “Soy una persona infeliz, negativa, o llena de culpa”, pero en realidad lo único que ha hecho es memorizar su continuidad química y definirse como tal. Nuestro organismo se acostumbra al nivel de sustancias químicas que circulan por nuestro torrente sanguíneo, rodean nuestras células o inundan nuestro cerebro. Cualquier perturbación en la composición química constante, regular y confortable de nuestro cuerpo dará como resultado un malestar.

Estamos enganchados a nuestra química interna.

Sí, haremos prácticamente todo lo que esté en nuestra mano, tanto consciente como inconscientemente y a partir de lo que sentimos, para restaurar nuestro equilibrio químico acostumbrado. Es cuando el cuerpo ya manda sobre la mente.

¿Propone cambiar la química cerebral con nuestro pensamiento?

Es una parte de mi trabajo, no se trata sólo de cambiar la química cerebral, también los circuitos cerebrales, el cableado. Si podemos forzar al cerebro a pensar con otros patrones o secuencias, estamos creando una nueva mente. El principio de la neurociencia es que si las células neuronales se activan conjuntamente, se entrelazan creando una conexión más permanente. Una persona ante una situación, por nueva que sea, recurre a esa conexión, es decir, repite el mismo pensamiento una y otra vez y da las mismas respuestas, su cerebro no cambia, vive con la misma mente cada día.

¿Cómo interrumpir el ciclo?

A través del proceso de conocimiento y de la experiencia podemos cambiar el cerebro. Es buena idea examinar constantemente qué podemos cambiar dentro de nosotros. Si cada mañana nos planteáramos cuál es la mejor idea que podemos tener de nosotros mismos, tendríamos otro tipo de
mundo.

¿Qué preguntas debemos hacernos para sentir de otra manera?

La mayoría de las personas cree que las emociones son reales. Las emociones y los sentimientos son el producto final, el resultado de nuestras experiencias. Si no hay experiencias nuevas o vividas de otra manera, vivimos siempre en la actualización de sentimientos pasados. Se trata del mismo proceso químico vez tras vez. Una pregunta que ayudaría a cambiarnos es: ¿qué sentimiento tengo cada día que me sirve de excusa para no cambiar? Si las personas empiezan a decirse: yo puedo eliminar la culpa, la vergüenza, las sensaciones de no merecer, de no valer…; si podemos eliminar esos estados emocionales destructivos, empezamos a liberarnos, porque son estos estados emocionales los que nos impulsan a comportarnos como animales con grandes almacenes de recuerdos. ¿Cuál es el mayor ideal de mí mismo? ¿Qué puedo cambiar de mí mismo para ser mejor persona? ¿A quién en la historia admiro y qué quiero emular?

Pero saber quién quieres ser no es suficiente para cambiar tu cableado.

No. El conocimiento es lo que precede a la experiencia. Aprender una información es personalizarla y aplicarla. Debemos modificar nuestro comportamiento para poder tener una nueva experiencia que a su vez crea nuevas emociones. El conocimiento es para la mente; la experiencia, para el cuerpo. Tenemos que enseñar al cuerpo lo que la mente ha entendido intelectualmente. Si seguimos repitiendo esa experiencia, se archiva en un sistema nuevo en el cerebro, y eso permite pasar del pensar al hacer, al ser.

El siguiente paso es cambiar hábitos de comportamiento, tiene que haber acción.

El hábito más grande que tenemos que romper es el de ser nosotros mismos, porque la neurociencia y la psicología dicen que la personalidad ya está formada antes de los 35 años, eso significa que tenemos los circuitos hechos para poder enfrentarnos a cualquier situación y, por lo tanto, vamos a pensar, a sentir y actuar de la misma manera el resto de nuestros días. Pero los últimos estudios muestran que sí es posible cambiar la personalidad en todas las etapas de la vida, para eso hay que convertir el hábito inconsciente en algo consciente, llegar a tener conciencia de esos pensamientos y sentimientos inconscientes.

¿Eso son 20 años de psicoanálisis?

Aunque llegues a entender intelectualmente que tu padre era muy dominante, eso no cambia tu condición. El primer paso siempre es aprender. Mientras vamos aprendiendo nueva información y empezamos a pensarla, la contrastamos con nuestras creencias y la analizamos, estamos cambiando nuestro cableado, construyendo una nueva mente. Una vez que esa nueva mente está establecida, tenemos que empezar a pensar cómo mostrarla, y ahí entra el cuerpo. Cualquier proceso de cambio requiere el desaprender y el reaprender.